ANTIOXIDANTES Y RADICALES

 

Sin entrar en una jerga bioquímica indigesta, podemos decir que un nutriente tiene propiedades antioxidantes cuando es capaz de neutralizar la acción oxidante de una molécula inestable - es decir, de un radical libre-, sin perder su propia estabilidad electroquímica.

Millones de radicales libres bombardean diariamente nuestras células. El hecho de que necesiten tantos años para causar daños mayores es un tributo a la eficacia de las enzimas que produce nuestro propio organismo para neutralizarlos. Nuestro sistema está luchando contra radicales libres a cada momento del día. El problema para nuestro sistema se produce cuando tiene que tolerar de forma continuada un exceso de radicales libres. El exceso es producido mayormente por contaminantes externos que penetran en nuestro cuerpo. La contaminación atmosférica, el humo del tabaco, los herbicidas, pesticidas o ciertas grasas son algunos ejemplos de elementos que generan radicales libres que ingerimos o inhalamos. Este exceso no puede ya ser eliminado por el cuerpo y, en su labor de captación de electrones, los radicales libres dañan las membranas de nuestras células, llegando finalmente a destruir y mutar su información genética, facilitando así el camino para que se desarrollen diversos tipos de enfermedades. La acción de los radicales libres está ligada al cáncer así como al daño causado en las arterias por el colesterol "oxidado", lo que relaciona directamente estas moléculas con las enfermedades cardiovasculares.

Nutrientes antioxidantes como la vitamina C ofrecen a los radicales libres sus propios electrones salvando así nuestras células de sufrir daño. Los nutrientes antioxidantes por excelencia son el beta caroteno, la vitamina C,  la vitamina E, y el selenio. Diversos estudios han demostrado que unos adecuados niveles en sangre de estos nutrientes pueden proteger contra diversos tipos de cáncer y enfermedades cardiovasculares.

Alimentos saludables.

La siguiente tabla muestra la relación entre los nutrientes que contienen antioxidantes y las enfermedades que ayudan a prevenir:


Nutriente: Alimentos que lo contienen: Disminución del riesgo de:
Carotenos: pro vitamina A, presente en el reino vegetal. Damasco, melón, zanahoria, zapallo, acelga, espinaca. Cáncer: pulmonar, gástrico, de cuello uterino, de mama y de colon.

 

Otras enfermedades: infartos cardíacos y arteriosclerosis.
Vitamina C Frutas cítricas: limón, naranja, mandarina, pomelo.

 

Otros alimentos: tomate y papa.
Cáncer: al pulmón, a la laringe, al cuello uterino, al aparato digestivo.
Vitamina E Acelga, espinaca, betarraga, achicoria, apio; aceites vegetales, harina integral y nueces. Cáncer: de mama, pulmón, cuello uterino, estómago.

 

Otras enfermedades: infartos cardíacos y arteriosclerósis.
Licopeno: del grupo de los carotenos. Tomate. Cáncer de próstata: reduce el tamaño del tumor y hace más lenta su diseminación.
Isoprenoides Tomate, aceite de oliva, frutilla, ciruela, uva,  sandía. Cáncer: de mama y de estómago.

 

Otras enfermedades: leucemia.
ZINC
 

Se encuentra en las Ostras y carnes rojas, los carbohidratos ricos en fibra pueden reducir su absorción. No debe tomarse en exceso ya pueden provocar toxicidad.  Interviene en la curación de las lesiones en los atletas, ya que es esencial para la reparación y crecimiento de tejidos. Favorece el desarrollo inmunologico.

 

SELENIO
 

Se obtiene del marisco, Guisantes, Lentejas, Judías, Cereales integrales, Vísceras, Productos Lácteos, Verduras. La deficiencia de este mineral puede aumentar el riesgo de padecer diversos tipos de cáncer.  Trabaja con la Vitamina E para destruir peroxidos.
El Selenio evita las enfermedades cardiovasculares, en especial el infarto y la apoplejía.  Se emplea para tratar diversas formas de artritis. 

Los radicales libres se producen desde el primer día de vida, ya que se originan a través de la respiración. Por lo que los antioxidantes son necesarios a toda edad.

Nuestro cuerpo, al igual que todo lo que nos rodea, esta constituido por átomos que se agrupan en moléculas. Una molécula estable contiene átomos con electrones emparejados mientras que una molécula inestable - un radical libre- tiene un electrón no emparejado o, lo que es lo mismo, libre. Estas moléculas inestables recorren nuestro cuerpo intentando robar un electrón con vistas a recuperar su estabilidad electroquímica, lo que las hace muy peligrosas porque para conseguirlo atacan moléculas estables. Una vez que el radical libre ha conseguido robar el electrón que necesita para emparejar su electrón libre, la otra molécula se convierte a su vez en un radical libre, iniciándose así un ciclo destructivo para nuestras células.

Los radicales libres no son intrínsecamente malos. De hecho, nuestro propio cuerpo los fabrica en cantidades moderadas para luchar contra bacterias y virus. Los radicales libres producidos por el cuerpo para llevar a cabo determinadas funciones son neutralizados fácilmente por nuestro propio sistema. Con este fin, nuestro cuerpo produce unas enzimas (como la catalasa o la dismutasa) que son las encargadas de neutralizarlos. Estas enzimas tienen la capacidad de desarmar los radicales libres sin desestabilizar su propio estado.

La incapacidad de nuestro cuerpo para neutralizar los radicales libres a los que nos exponemos diariamente nos obliga a recurrir a nutrientes con la propiedad de neutralizarlos. Estos nutrientes actúan liberando electrones en nuestra sangre que son captados por los radicales libres convirtiéndose así en moléculas estables. Los compuestos con esta capacidad reciben el nombre de antioxidantes y recientes estudios han demostrado que pueden ser la protección mas eficaz contra el envejecimiento celular y las enfermedades degenerativas.

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